TÚ ORGULLOUn susurro de llaves indica que ya has llegado, después
Escrito por Queenforever El: 13 septiembre 2026 , categoria Artículos, Visto 25 veces
TÚ ORGULLO
Un susurro de llaves indica que ya has llegado, después de un largo día sin descanso.
Un camisón de raso corto negro y unos zapatos de tacón, te están esperando … sin maquillajes, sin colonias. Todo natural como a ti te gusta.
Un cálido roce en las mejillas, hombros, espalda y una fuerte cachetada indican que ha sido un largo y duro día.
Las caras se giran, las miradas se cruzan y de cada labio una sonrisa vislumbra. Una de dulce poder y otra de dulce rendición. Las dos encienden todos los fuegos en el comedor.
Tú sumisa con los tacones en el suelo, piernas separadas, palmas abiertas y mirada baja … te indica que ya está, para ti preparada y una sonrisa escondida ilumina tú cara.
Siempre dispuesta.
Siempre bien preparada.
Siempre a la hora indicada.
Ella es tú orgullo y pasa un rato y sigue con la mirada gacha, como tú le has enseñado.
Pero hoy será diferente ….
Hoy quieres que te mire a la cara ….
Quieres verle las pupilas para discernir, que siente, que busca, que anhela debajo de esas palmas abiertas.
Sigilosamente sin decir palabra, levanta la cara y las miradas se cruzan y se quedan clavadas, no sabe que quieres, no sabe que buscas, no sabe que esperas. Pero no dice nada hasta que tú voz le de las instrucciones deseadas…
Y tú con paso lento pero sin dejar de mirarla, te acercas y con la mirada le vas recorriendo todo el cuerpo, sin prisa. Mirando cada detalle de su cuerpo, cada curva marcada, cada trocito de satén que le cubre con cuidado la piel.
Pecho a medio tapar, enseñando picaramente lo que queda debajo, nalgas medio cubiertas, piernas largas y definidas hasta llegar a los tacones que aguantan y esperan tú próxima premisa.
Ella tranquila en su espera, tú sin prisas, como siempre, como si fuera la primera vez.
Una vez toda mirada la vas acariciando, con ternura, dulcemente … y cuando tú cuerpo ya no puede más … delante de ella coges con fuerza sus nalgas. Aprietas con todas tus fuerzas.
Y de ella brotan dulces palabras: bienvenido a casa Señor.
Dentro de ti, todo se enciende y con una mano en la espalda, la otra aprieta y retuerce con fuerza sus grandes pechos, ella gime.
Y de ti salen dulces palabras: así te quiero Puta, siempre para mi, solo para mi, mi zorra cada día más guarra.
Y con fuerza agarras pecho y pelo y le das el primer beso, comiendo todo lo que encuentras a tu paso, para terminar en su boca. Y os coméis juntos labios, lenguas las bocas unidas con pequeños gemidos y gritos cada vez que tiras y retuerces fuerte por las dos bandas.
El día largo y tedioso acaba de terminar, al encontrarla siempre dispuesta cuando llegas a casa y empiezas un vaivén de movimientos a placer, a vuestro ritmo.
Con ese placer mutuo de dar y ceder que compartis.
Y si empieza, la relajación de los cuerpos, cada uno a su manera, para celebrar un día más vivido, un compartir dos piezas de un mundo y esperar un mañana y otro sin fin.
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